domingo, 1 de noviembre de 2009

Tres ciegos y un elefante. Leyenda hindú.



Había una vez tres sabios. Y eran muy sabios. Aunque los tres eran ciegos. Como no podían ver, se habían acostumbrado a conocer las cosas con sólo tocarlas. Usaban sus manos para darse cuenta del tamaño, de la calidad y de la calidez de cuanto se ponía a su alcance. Sucedió que un circo llegó al pueblo donde vivían los tres sabios que eran ciegos. Entre las cosas maravillosas que llegaron con el circo, venía un gran elefante blanco. Y era tan extraordinario este animal que toda la gente no hacía más que hablar de él.


Los tres sabios que eran ciegos quisieron también ellos conocer al elefante. Se hicieron conducir hasta el lugar donde estaba y pidieron permiso para poder tocarlo. Como el animal era muy manso, no hubo ningún inconveniente para que lo hicieran.

El primero de los tres estiró sus manos y tocó a la bestia en la cabeza. Sintió bajo sus dedos las enormes orejas y luego los dos tremendos colmillos de marfil que sobresalían de la pequeña boca. Quedó tan admirado de lo que había conocido que inmediatamente fue a contarles a los otros dos lo que había aprendido. Les dijo: - El elefante es como un tronco, cubierto a ambos lados por dos frazadas, y del cual salen dos grandes lanzas frías y duras.


Pero resulta que cuando le tocó el turno al segundo sabio, sus manos tocaron al animal en la panza. Trataron de rodear su cuerpo, pero éste era tan alto que no alcanzaba a abarcarlo con los dos brazos abiertos. Luego de mucho palpar, decidió también él contar lo que había aprendido. Les dijo:- El elefante se parece a un tambor colocado sobre cuatro gruesas patas, y está forrado de cuero con pelo para afuera.


Entonces fue el tercer sabio, y agarró el animal justo por la cola. se colgó de ella y comenzó a hamacarse como hacen los chicos con una soga. Como esto le gustaba a la bestia, estuvo largo rato divirtiéndose en medio de la risa de todos. Cuando dejó el juego, comentaba lo que sabía. También él dijo:- Yo sé muy bien lo que es un elefante. Es una cuerda fuerte y gruesa, que tiene un pincel en la punta. Sirve para hamacarse.


Resulta que cuando volvieron a casa y comenzaron a charlar entre ellos lo que habían descubierto sobre el elefante no se podían poner de acuerdo. Cada uno estaba plenamente seguro de lo que conocía. Y además tenía la certeza de que sólo había un elefante y de que los tres estaban hablando de lo mismo, pero lo que decían parecía imposible de concordar. Tanto charlaron y discutieron que casi se pelearon.


Pero al fin de cuentas, como eran los tres muy sabios, decidieron hacerse ayudar, y fueron a preguntar a otro sabio que había tenido la oportunidad de ver al elefante con sus propios ojos.
Y entonces descubrieron que cada uno de ellos tenía razón. Una parte de la razón. Pero que conocían del elefante solamente la parte que habían tocado. Y le creyeron al que lo había visto y les hablaba del elefante entero.

Yo soy yo.


En todo el mundo no existe nadie exactamente igual a mí.Hay personas que tienen aspectos parecidospero en ninguna forma el mismo conjunto mío.Por consiguiente, todo lo que sale de mi, es auténticamente mío porque yo solo lo elegí.


Todo lo mío me pertenece: mi cuerpo,todo lo que hace; mi mente, con todos sus pensamientos e ideas;mis ojos, incluyendo todas las imágenes que perciben;mis sentimientos, cualesquiera que sean: ira, alegría, frustración, amor, decepción, emoción;mi boca, y todas las palabras que de ella salen, refinadas, dulces, o cortantes, correctas o incorrectas; mi voz, fuerte o suavey todas mis acciones, sean para otros o para mí.Soy dueña de mis fantasías, mis sueños, mis esperanzas, mis temores.Son míos mis triunfos y mis éxitos, todos mis fracasos y errores.


Puesto que todo lo mío me pertenece, puedo llegar a conocerme íntimamente.Al hacerlo, puedo llegar a quererme y sentir amistad hacia todas mis partes.Puedo hacer factible que todo lo que me concierne funcione para mis mejores intereses.Sé que tengo aspectos que me desconciertan y otros que desconozco.Pero mientras yo me estime y me quiera,puedo buscar con valor y optimismo soluciones para las incógnitase ir descubriéndome cada vez más.Como quiera que parezca y suene, diga y haga lo que sea, piense y sienta en un momento dado,todo es parte de mi ser.


Esto es real y representa el lugar que ocupo en ese momento del tiempo.A la hora de un examen de conciencia, respecto de lo que he dicho y hecho,de lo que he pensado y sentido, algunas cosas resultarán inadecuadas.Pero puedo descartar lo inapropiado,conservar lo bueno e inventar algo nuevoque supla lo descartado.Puedo ver, oír, sentir, decir, y hacer.Tengo los medios para sobrevivir,para acercarme a los demás, para ser productivay para lograr darle sentido y orden al mundo de personas y cosas que me rodean.Me pertenezco y así puedo estructurarme.Yo soy yo y estoy bien.




© Virginia Satir, 1975.Found in Virginia Satir, Self Esteem, Celestial Arts: California, 1975

El sonido del bosque

Allá, por el siglo tercero de nuestra era, el rey T'sao envió a su hijo, el príncipe T'ai, al templo para que estudiara con el gran maestro Pan Ku. Como el príncipe T'ai sucedería a su padre en el trono, Pan Ku debía enseñar al joven las bases para ser un buen soberano. Cuando llegó el príncipe al templo, el maestro lo envió solo al bosque de Ming-Li. Después de un año, el príncipe debía regresar al templo para describir el sonido del bosque.

Cuando el príncipe T'ai regresó, Pan Ku le pidió al joven que describiera todo lo que pudo oír. "Maestro - replicó el príncipe- pude oír a los cuclillos cantar, las hojas susurrar, a los chupamirtos zumbar, a las chicharras cantar, al zacate doblarse, a las abejas zumbar y al viento susurrar y gritar". Cuando el príncipe hubo terminado, el maestro le dijo que regresara al bosque a escuchar y ver que más oía. El príncipe se mostró confundido ante la solicitud del maestro. ¿No había ya discernido todos los sonidos?

Durante días y noches enteras, el joven príncipe estuvo sentado solo en el bosque, escuchando. Sin embargo, no oyó sonidos diferentes a los que ya había oído. Entonces, una mañana, al estar el príncipe sentado en silencio bajo los árboles, comenzó a discernir tenues sonidos distintos a los que jamás había escuchado hasta entonces. Mientras escuchaba con más y más agudeza, los sonidos se hacían más claros. Una sensación de iluminación envolvió al chico. "Estos deben ser los sonidos que el maestro quería que discerniera", reflexionó.

Cuando el príncipe T’ai regresó al templo, el maestro le preguntó qué más había oído. “Maestro-respondió el príncipe” on reverencia. “cuando escuché más cuidadosamente, pude oír lo que no se oye, el sonido de las flores al abrirse, el sonido del sol al calentar la tierra y el sonido del pasto bebiéndose el rocío de la mañana”. El maestro asintió con aprobación.
"Escuchar lo que no se oye – dijo Pan Ku- es una disciplina necesaria para ser un buen soberano; porque sólo cuando un soberano ha aprendido a escuchar cuidadosamente el corazón de las personas, oyendo los sentimientos no comunicados, los dolores no expresados y las quejas no elevadas, podrá esperar inspirarle confianza a su pueblo, entender cuando algo esté mal y verdaderamente satisfacer las necesidades de sus ciudadanos. El derrumbe de los estados ocurre cuando los líderes sólo escuchan las palabras superficiales y no penetran profundamente en las almas del pueblo para conocer sus verdaderas opiniones, sentimientos y deseos".